Otra vez sin proyecto

Durante el 2017 perdimos la oportunidad de pensar un esquema económico y social que trace el futuro y el presente del país.

Por Guillermo Alamino

Falta poco para el fin de este 2017 y nuevamente el  país no logró debatir la conformación de un proyecto económico y social. La carencia de grandeza de nuestra dirigencia política y los problemas económicos que atraviesa la nación son un combo explosivo para los próximos años.

Nuestra sociedad precisa comenzar a pensar al Estado sin agresiones, ni reduccionismos, es decir entablar un diálogo para hablar de política en serio. Los etiquetajes, la poca promoción de la participación ciudadana en los asuntos públicos y la presencia de grupos violentos en las manifestaciones anulan la posibilidad de emprender un intercambio de ideas destinadas a mejorar actual escenario del país. En este sentido, el Gobierno es el responsable de colocarse por encima de los intereses y generar un espacio abierto y participativo para visibilizar y sintetizar diversas miradas sobre la realidad.

Hasta ahora todos los presidentes han asumido un rol mesiánico y han creído llegar al poder para fundar un nuevo país, pero solamente profundizaron la destrucción y decadencia del Estado, y nadie cuestionó la estructura económica neocolonial. Desde la última dictadura militar, las estadísticas y la calidad de vida sólo exhiben una caída estrepitosa. El desguace del sistema ferroviario, la privatización de las empresas públicas, el desmantelamiento de los mecanismos de regulación económica y la naturalización de la corrupción dejaron secuelas demasiados graves, para que una sola fuerza política pueda resolverlos. Actualmente, el 28,6% de la población es pobre y un 8,3% se encuentra desocupada, mientras que a principios de los 70 había menos de un 5% de pobreza y casi pleno empleo.

En el tratamiento de la reforma tributaria e impositiva el Gobierno nacional perdió una nueva oportunidad para demostrar y  alcanzar un pacto al menos en esos puntos importantes. La ausencia de debate ciudadano marcó un escenario similar al contexto que se vivió durante el kirchnerismo, en el que legislaciones eran aprobadas a espaldas del pueblo, gracias a las mayorías automáticas con las que contaban en el Congreso.

Es necesario dejar de lado los dogmatismos y fanatismos si queremos crear un modelo acorde a nuestras necesidades. Ninguna fórmula extranjera será la salvación a los conflictos sociales,  sino que la propia creatividad y la unión nacional podrá brindarnos estabilidad y un mejor porvenir ante un esquema de concentración económica, y degradación institucional que Argentina viene soportando desde décadas. La agricultura, las comunicaciones, el petróleo, entre otras actividades se encuentra en manos de pocas empresas y en la gran mayoría de capitales trasnacionales.

Cabe destacar que Perón propuso la constitución de un Consejo para el Proyecto Nacional en su Modelo Argentino “a fin de que la participación del ciudadano, de los grupos sociales y partidos políticos, tenga un cauce institucionalizado para posibilitar que toda idea útil se aproveche y preservar permanentemente el Modelo, ajustándolo a la realidad de un mundo en constante evolución”. El acuerdo nacional es posible, aunque es necesaria una conducción con grandeza, sin mezquindades y capaz de aceptar la diversidad.

Esperemos que  el 2018  sea un año en el que encontremos el tan ansiado rumbo económico y social, y enfrentar los grandes retos que nos depara el mundo.

 

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