La lucha que se lleva en la sangre

Por Liss Navea                                                                                                                                                                                                                                                                                            

Marzo del 2018. Por la radio, en la tele, en la publicidad del medio gráfico que aparece en los muros de las redes sociales, en las redes sociales existentes. Por todos lados leíamos pros y contras del “8M”. Frases cómo “no digas feliz día”, “se conmemora, no se festeja”, “¿Para qué hacen paro?”, “son las feminazis de siempre”, entre otras, inundaron nuestra visión.

Muchas sanjuaninas salieron a la calle, elevaron su voz, aplaudieron, caminaron, marcharon y pararon. Muchas de ellas se abrazaban al verse felices por haber conseguido permiso en el trabajo para ir a la marcha, felices de verse y compartir. Felices de ser hermanas de lucha.

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Pero al parecer, no todos conocen el sentimiento que corre por la sangre de cada mujer que la hace tomar la decisión de parar el mundo y marchar.

Desde el principio fuimos consideradas el sexo débil, y si bien, actualmente muchos hombres se sumaron a la lucha o dejaron de vernos como desigual, hay muchos otros que creen que su género los hace superiores y cometen atrocidades contra las mujeres.

El 8 de marzo no es una fecha cualquiera, y quizás dentro de 2018 años más sigamos oyendo los mismos comentarios, sin comprender la historia de tan trágica conmemoración.

Todo fue en 1911, un 19 de marzo, donde Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza pararon en defensa del voto femenino e igualdad de condiciones laborales. Pero lo trágico sucedió días después, el 25 de marzo, cuando un incendio devoró la vida de 146 personas, entre ellas 123 mujeres, en una fábrica textil en Estados Unidos, donde días anteriores se habían movilizado en huelga para pedir reducción de jornada laboral de 12 a 8 horas y aumento salarial.

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En esa época el reclamo era por las pésimas condiciones laborales, la paga mínima que recibían, derecho al voto y el de ocupar cargos públicos, trabajo digno, formación profesional y no discriminación laboral.

¿Y en esta época? Hay reclamos. Hay luchas que fueron ganadas, pero hay otras más por conquistar.

Desde Gobierno, le guste a quien le guste, han dirigido algunas bajadas políticas para ayudar a la mujer, pero aun nos queda mucho por crecer como sociedad y comunidad política.

No es cuestión de ser más que el hombre, es la necesidad de que nos respeten y nos veamos como iguales. El Día Internacional de la Mujer, también conocido como Día de la Mujer Trabajadora, reivindica nuestra historia. Las mujeres somos fuertes porque por nuestra sangre corre sangre de lucha. De una mujer que quiso un trabajo digno, una mujer que quería dar su voto, una mujer que hoy quiere ser funcionaria política sin la necesidad de una ley de cupo femenino, una mujer que quiere salir a la calle sin ser juzgada por cómo se viste, una mujer que quiere ser valorada y no vista como una cara bonita, una mujer que lucha para demostrar que ser mujer no es malo.}

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San Juan tiene mujeres que luchan. Luchan por los derechos adquiridos y luchan por los que falta adquirir. Una marcha cada 8 de marzo es una celebración, porque aun podemos gritar por nosotras, las mujeres, porque nuestro espíritu de luchadora trasciende generaciones, porque la lucha que nos mueve la llevamos en la sangre.

 

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