Acordar con el FMI, pero no con el pueblo

Es necesario hacer un acuerdo nacional para resolver la crisis económica del país. La asistencia del FMI condicionará las políticas internas y obstaculizaría la posibilidad de establecer la unión nacional.

 

Por Guillermo Alamino

La asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional es uno de los primeros indicios del fracaso de las políticas económicas cimentadas en el endeudamiento externo de la actual gestión. El oficialismo nacional  se reúne fácilmente con los principales representantes del establishment internacional (FMI, G20, Wall Street, etc), pero ignora la necesidad de encarar un acuerdo nacional para resolver los grandes problemas del país.

Según lo trascendido, el Gobierno tuvo que recurrir al FMI por la suba de tasas de interés de los EEUU y para ejecutar un  ajuste más contundente del que vienen haciendo. Lo preocupante es la problemática de fondo: el modelo económico basado en el endeudamiento, el cual tarde o temprano culmina topando con una pared. En el año 2015, la deuda pública era de 240.665 millones de dólares mientras que en el tercer trimestre del 2017 era de 305.708  millones de dólares, según datos del Ministerio de Finanzas de la Nación. Argentina conoce bien las consecuencias de esos esquemas económicos y sus secuelas negativas con la crisis del 2001, la más grande de la historia nacional.

Aunque el grupo de CEOs y expertos que conforman el gabinete gubernamental  justifiquen sus continuos errores, será difícil para la sociedad creer en discursos y pronósticos cargados de equivocaciones ¿Desde cuándo se viene prometiendo que la inflación bajará? ¿Y dónde están las inversiones prometidas?

Inflación, déficit fiscal, concentración económica, importación de energía y la exorbitante deuda pública conforman los principales flagelos que siguen atormentando al país. El optimismo  de Marcos Peña no logrará bajar la inflación y tampoco los consejos del ecuatoriano Duran Barba, quien sigue apostando al enfrentamiento y postergando la famosa propuesta del Pro de “unir  a los argentinos”.

Aún esa proposición fundamental no ha sido cumplida, pese a la grave situación económica y social que atraviesa el país. Según la Universidad Católica Argentina, la pobreza infantil alcanza al 62,5% de los niños, el INDEC afirma que el 7,2% de los argentinos están desocupados y la pobreza  para el segundo semestre del 2017 es del 25,7% (sin tener en cuenta los últimos tarifazos). Solamente un mancomunado pacto sin condicionamientos entre diversos sectores sociales como sindicatos, empresarios, partidos políticos, entre otros resolverá esta larga crisis nacional y la carencia de un modelo económico estable en el tiempo. Con la presencia del FMI cualquier invitación a la unión nacional vendrá coartada de antemano, por las limitaciones que impondrá en las políticas económicas.

Cambiemos intenta convencer al pueblo que el FMI actual es distinto al de los 90, pero habría que preguntarle a los griegos sus experiencias recientes con ese organismo internacional. Pueden haber cambiado algunos puntos o declamaciones, pero sus políticas económicas siguen en la línea de la ortodoxia. En vez de mirar al “mundo”, Macri tendría que fijarse en el pueblo argentino. De allí seguro saldrá la medida más sana para salir del pozo en el que se encuentra el país.

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