El lado B del TC

Tras 45 años de ausencia, nuevamente llegó a la provincia el Turismo Carretera, brindando un espectáculo único. Promotoras, autos, velocidad, pilotos que giran por todo el país; pero como todo show, existe un lado B, con lo que no todos ven, lo que no todos cuentan.

Por Liss Navea                                                                                                                                        

El TC es una de las categorías de automovilismo nacional que más gente mueve alrededor del país. Hay hinchadas, fanáticos, centenares de casas rodantes que llegan a cada provincia durante las fechas de esta categoría para vivir un festival a puro color y velocidad.

El último fin de semana fue la oportunidad del Autódromo San Juan Villicum donde, luego de 45 años, llegó nuevamente esta categoría a la provincia, con todo su folclore.

Familias, grupos de amigos, hinchadas completas llegaron a la zona de acampe.  Festejos, brindis y música por todos lados. Hasta ese momento, todo era típico para varios de los sanjuaninos que habían tenido la oportunidad de ver el TC en otras provincias o que por primera vez vivían esta experiencia, pero ya habían estado en el Autódromo Zonda durante otras competiciones.

Pero las sorpresas no tardaron en llegar, por lo menos para esta espectadora que tiene varios autódromos encima y que presenció en primera persona algo que al parecer es cotidiano. Algunas mujeres circulaban por los grupos de hombres ofreciendo sus trabajos sexuales.

No critico esta práctica, ya que cada mujer es dueña de hacer con su cuerpo lo que quiera. Sin embargo, critico la actitud de los hombres que pensaban que todas las que estábamos en el predio nos dedicábamos a lo mismo. Piropos, palabras fuera de lugar, miradas intensas e incómodas, sin olvidar otros gestos y acciones que no vale la pena reproducir.

También tener que oír comentarios tales como “¿por qué venís con tu novia al autódromo?”, “che, no digas eso que hay una niña enfrente” (porque es más despectivo decirte niña que señorita) me hizo repensar la figura de la mujer en el deporte.

Las mujeres estamos ganando territorios. Eso está claro, demostrado y lo agradecemos. Pero, ¿Por qué tengo que sentirme intimidada o incómoda al asistir a un espectáculo deportivo? ¿Por qué tengo que dejar en claro que no practico el trabajo sexual? ¿Por qué tengo que tragar la saliva amarga que me produce ver un hombre que me mira como un objeto? ¿Por qué tengo que bancarme todas esas cosas si a mí solo me interesan las carreras?

Hay situaciones que nos superan, que me superan. Luego de analizar una y otra vez lo sucedido, sentí el anhelo de poder expresarlo, porque de verdad necesitamos que dejen de tratarnos como cosas, como objetos. Somos espectadoras igual que ustedes, somos fanáticas igual que ustedes y queremos asistir a los espectáculos deportivos igual que ustedes. No son menos porque sepamos más que ustedes sobre un deporte, no deben ser menos porque tengamos una conversación de índole deportivo, no deben sentirse menos solo porque compartimos el mismo gazebo mientras los autos pasan delante de nosotros. Crecimos como sociedad, pero no en todos los ámbitos. El lado A: el show deportivo, el lado B: lo que les acabo de relatar.

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